La primera reacción es pensar que la
causa es una lluvia extraordinaria (frase ya gastada por todos los
gobernantes), que no había forma de que la ciudad se la banque. Pero la zona de
J B Justo y Cabildo, tradicionalmente inundable, no se inundó gracias a los
canales aliviadores recientemente inaugurados que se empezaron a construir en administraciones
anteriores. O sea, hipótesis, con obras esto se soluciona.
Entonces desplazamos la responsabilidad
a los gobernantes de la ciudad (estos y los anteriores) que no hicieron las
obras necesarias, que privilegiaron los negocios inmobiliarios por sobre la
planificación urbana, que siguen sin solucionar el problema habitacional.
Pero no solo nos quedemos acá, pensemos
en nuestra facu puntualmente. Dónde se construyó, cómo.
El predio de Campus fue donado por el
gobierno de la ciudad con el objetivo expreso de construir una sede para la UTN.BA en una época en que los terrenos no eran
mucho más baratos que ahora ¿Dónde está el truco? En que son terrenos
recuperados a bañados y lagunas que en un momento sirvieron de rellenos
sanitarios. Terrenos baratos en definitiva. Esto, a priori, no es un problema,
sino solamente algo a tener en cuenta al momento del diseño y planificación.
Para allá vamos.
Los edificios del barrio Nagera (frente
a Campus) tienen algo en común con las casas que se construyen en terrenos
inundables, están construidos sobre pilotes, no tienen nada en planta baja. O
sea, los constructores sabían que se podía inundar, por eso apostaron a que se
pierda lo menos posible. Contrariamente a esto, la gestión que planificó Campus
no solo construyó un (innecesario) subsuelo teniendo un terreno enorme
solamente porque es más barato, sino que ubicó en él la parte más cara de la
facultad, los laboratorios. Más aún, todo el edificio principal tiene la misma
conexión eléctrica, por eso tuvieron que hacer una conexión provisoria para que
pueda funcionar sin que el subsuelo sea una trampa mortal.
Campus se fue armando sobre la marcha, parche sobre parche. Como vemos, comparte algo más con los barrios populares que el agua que los inunda. La gran diferencia es el por qué. La falta de planificación general de los barrios es producto de una serie de cuestiones como la falta de recursos de sus habitantes, la desidia de los gobiernos hacia los excluidos de este sistema, las luchas internas entre los punteros que las dominan y un largo etc. que no podríamos desarrollar en un boletín como este. Las causas en la UTN son totalmente distintas. El perfil gerencial que tiene la universidad no se ve solamente en los planes de estudio, sino que permea toda la concepción de la educación superior. Es una facultad pensada como una fábrica de gerentes para atender las necesidades del mercado y, como toda fábrica, tiene que tener buena productividad. La sede de Campus, que ahora lleva el nombre del decano bajo cuya administración se construyó, está premeditadamente no planificada porque se hizo pensando en gastar lo menos posible, en ahorrar casi sin importar las consecuencias. Pero claro, como toda obra sin planificación, salió mal. Lo barato sale caro, como reza el dicho popular
Y no solamente en lo que sería “costo
fijo” se ahorra en la UTN. Si asimilamos la estructura de la facultad a la de
una empresa, como tanto le gustaría a nuestros profesores, vemos que en los
“costos variables” también se sigue la dinámica empresaria, es que hay una gran
parte del personal contratado en condiciones precarias, en negro o a través de
“becas de ayuda económica” de la SAE. Bedeles, personal de mantenimiento y
maestranza y docentes también son víctimas de este modelo de universidad que
lejos está de ponerse al servicio del pueblo trabajador.
Y para que las aguas no se agiten,
aunque quizá no sea la metáfora más feliz para este momento, esta nuestro
querido CEIT. Por la mezquindad de su dirección a cargo de la Franja Morada, lo
estudiantes perdimos la oportunidad de organizarnos entre todos para
reacondicionar nuestro lugar de estudio y discutir cómo hacer efectiva la
solidaridad a partir de las donaciones que se juntaron durante la semana. El
silencio del CEIT no es algo casual, si nos paramos dos segundos a discutir
vamos a ver su complicidad con la gestión de la facultad (ambos son de Franja
Morada – UCR).
El centro es un espacio de todos los
estudiantes, desde En Clave Roja creemos que ante situaciones como esta debe
decidirse como actuar en asambleas dónde todos podamos participar. Y esto no es
solo hablando del pasado porque las consecuencias de la inundación no
terminaron con el drenaje del subsuelo. La reconstrucción de las instalaciones
y la reposición de los equipos no pueden lograrse con fondos privados
conseguidos mediante negociados y acuerdos que degraden y mercantilicen aun más
nuestras carreras. Por eso los estudiantes debemos estar atentos y pelear para
que la facultad, como parte de todos los damnificados, exija al gobierno (de la
ciudad y la nación) un resarcimiento por ser los responsables políticos de los
daños causados.

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