17 abril, 2013

La universidad pública bajo agua


Pilas de documentos destrozados, equipos de laboratorio inutilizados y muchos días de clase perdidos. Bronca es lo primero que sentimos. Las imágenes de nuestra facultad después del temporal son impactantes. Somos los alumnos quienes nos ponemos al pie del cañón para reacondicionar la facultad y nos sentimos un poco mejor, aunque no del todo. La cabeza empieza a ir para otro lado, empezamos a cuestionar algunas cosas ¿Cómo es posible que se inunde así? ¿Nadie sabía? Y si se sabía ¿Qué se hizo al respecto? La bronca empieza a volver.
La primera reacción es pensar que la causa es una lluvia extraordinaria (frase ya gastada por todos los gobernantes), que no había forma de que la ciudad se la banque. Pero la zona de J B Justo y Cabildo, tradicionalmente inundable, no se inundó gracias a los canales aliviadores recientemente inaugurados que se empezaron a construir en administraciones anteriores. O sea, hipótesis, con obras esto se soluciona.
Entonces desplazamos la responsabilidad a los gobernantes de la ciudad (estos y los anteriores) que no hicieron las obras necesarias, que privilegiaron los negocios inmobiliarios por sobre la planificación urbana, que siguen sin solucionar el problema habitacional.
Pero no solo nos quedemos acá, pensemos en nuestra facu puntualmente. Dónde se construyó, cómo.
El predio de Campus fue donado por el gobierno de la ciudad con el objetivo expreso de construir una sede para la UTN.BA en una época en que los terrenos no eran mucho más baratos que ahora ¿Dónde está el truco? En que son terrenos recuperados a bañados y lagunas que en un momento sirvieron de rellenos sanitarios. Terrenos baratos en definitiva. Esto, a priori, no es un problema, sino solamente algo a tener en cuenta al momento del diseño y planificación. Para allá vamos.
Los edificios del barrio Nagera (frente a Campus) tienen algo en común con las casas que se construyen en terrenos inundables, están construidos sobre pilotes, no tienen nada en planta baja. O sea, los constructores sabían que se podía inundar, por eso apostaron a que se pierda lo menos posible. Contrariamente a esto, la gestión que planificó Campus no solo construyó un (innecesario) subsuelo teniendo un terreno enorme solamente porque es más barato, sino que ubicó en él la parte más cara de la facultad, los laboratorios. Más aún, todo el edificio principal tiene la misma conexión eléctrica, por eso tuvieron que hacer una conexión provisoria para que pueda funcionar sin que el subsuelo sea una trampa mortal.


Campus se fue armando sobre la marcha, parche sobre parche. Como vemos, comparte algo más con los barrios populares que el agua que los inunda. La gran diferencia es el por qué. La falta de planificación general de los barrios es producto de una serie de cuestiones como la falta de recursos de sus habitantes, la desidia de los gobiernos hacia los excluidos de este sistema, las luchas internas entre los punteros que las dominan y un largo etc. que no podríamos desarrollar en un boletín como este. Las causas en la UTN son totalmente distintas. El perfil gerencial que tiene la universidad no se ve solamente en los planes de estudio, sino que permea toda la concepción de la educación superior. Es una facultad pensada como una fábrica de gerentes para atender las necesidades del mercado y, como toda fábrica, tiene que tener buena productividad. La sede de Campus, que ahora lleva el nombre del decano bajo cuya administración se construyó, está premeditadamente no planificada porque se hizo pensando en gastar lo menos posible, en ahorrar casi sin importar las consecuencias. Pero claro, como toda obra sin planificación, salió mal. Lo barato sale caro, como reza el dicho popular
Y no solamente en lo que sería “costo fijo” se ahorra en la UTN. Si asimilamos la estructura de la facultad a la de una empresa, como tanto le gustaría a nuestros profesores, vemos que en los “costos variables” también se sigue la dinámica empresaria, es que hay una gran parte del personal contratado en condiciones precarias, en negro o a través de “becas de ayuda económica” de la SAE. Bedeles, personal de mantenimiento y maestranza y docentes también son víctimas de este modelo de universidad que lejos está de ponerse al servicio del pueblo trabajador.
Y para que las aguas no se agiten, aunque quizá no sea la metáfora más feliz para este momento, esta nuestro querido CEIT. Por la mezquindad de su dirección a cargo de la Franja Morada, lo estudiantes perdimos la oportunidad de organizarnos entre todos para reacondicionar nuestro lugar de estudio y discutir cómo hacer efectiva la solidaridad a partir de las donaciones que se juntaron durante la semana. El silencio del CEIT no es algo casual, si nos paramos dos segundos a discutir vamos a ver su complicidad con la gestión de la facultad (ambos son de Franja Morada – UCR).
El centro es un espacio de todos los estudiantes, desde En Clave Roja creemos que ante situaciones como esta debe decidirse como actuar en asambleas dónde todos podamos participar. Y esto no es solo hablando del pasado porque las consecuencias de la inundación no terminaron con el drenaje del subsuelo. La reconstrucción de las instalaciones y la reposición de los equipos no pueden lograrse con fondos privados conseguidos mediante negociados y acuerdos que degraden y mercantilicen aun más nuestras carreras. Por eso los estudiantes debemos estar atentos y pelear para que la facultad, como parte de todos los damnificados, exija al gobierno (de la ciudad y la nación) un resarcimiento por ser los responsables políticos de los daños causados.



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